sábado, 7 de junio de 2014

Te dibujaré con ceniza 01 - Sentada en el borde de ti

Te dibujaré con ceniza

01 - Sentada en el borde de ti










     Todo el día había estado caluroso, la gente se movía de un lugar a otro un tanto ansiosa pues la temperatura de la ciudad de Monterrey comenzaba a ser insoportable — Y aun falta la canícula — se escuchaba decir a las personas en el centro de la ciudad. La canícula eran los 40 días más calientes del verano y si las temperaturas a mitad de primavera apuntaban a 38 grados, a mitad de verano Monterrey sería un infierno. Como casi siempre que hace calor.

      El aroma del cigarro era molesto para Ceniza, una chica soñadora enamorada del amor de su vida Colilla. Abrazada de él, empalagosa como ninguna, una sonrisa de oreja a oreja y radiando una enorme felicidad; él, sin mucha gracia en su rostro, atractivo y muy serio, algo frío y un tanto indiferente, sacudía su cigarro sin fijarse que las cenizas caían sobre su chica pero esto a ella no le importaba, ella era feliz a lado de su novio. 

      Aunque su interior estaba destrozado. Ceniza esperaba más de su novio, algo que él no le daba, ella antes se lo había dicho y en ocasiones Colilla cambiaba su actitud pero solo por algunos días. Ella se sentía devastada, vacía, su depósito de cariño nunca estaba lleno, su novio no se preocupaba por llenarlo y esto a Ceniza le dolía hasta el alma. Pero ella estaba llena de esperanza y de mucho amor, ella era paciente y esperaba a ver en él un cambio, esperaba a que él abriera sus ojos y se diera cuenta de que tenía a su lado a una chica increíble que estaba dispuesto a estar con él toda su vida, en las buenas y en las malas; mientras tanto, Ceniza sollozaba en el silencio de su habitación oscura por las noches, regresaba a su casa sola, sin que su novio la acompañara, se despedía de ella con un beso seco y un abrazo obligatorio, pero nada mágico como ella esperaba. Le dolía, le dolía mucho.

      — hace mucho calor y tu estas de empalagosa — con un tono molesto le dijo Colilla a la muchacha y esta se retiró un momento de él — Quiero estar contigo — le contestó la muchacha — quédate de ese lado, ahí sigues estando conmigo — Ella obedeció y se mantuvo ahí, sonrío para ella misma, se apretó los labios y le preguntó por como fue su día. En una banca en medio de la Macroplaza, con un calor de los mil demonios y un pequeño silencio incómodo el termino por dar la respuesta más corta que pudo imaginar — me fue bien — de nuevo un silencio incómodo, Ceniza esperaba a qué Colilla le diera más detalles de su día pero para él parecía que el tema había terminado — ¿Qué hiciste hoy? — insistió ella queriendo seguir la platica — Pos' trabajar ¿Qué mas quieres que haga? ¿Que me vaya de fiesta? — el muchacho soltó una risita burlona un tanto disimulada y Ceniza se arrepintió rápidamente de intentar seguir con la platica, apretó sus labios, esa era su manera de evitar que el corazón terminara por rompersele, agachó la cabeza y de inmediato la levanto, ella no tenía por que agachar la cabeza, ella merecía más, ella no estaba haciendo nada malo, estaba tratando de ser amable con él ¿Por qué Colilla no lo podía ver? ¿Por qué Colilla no podía notar el interés que ella tenía hacia sus cosas, hacia su persona?

     Molesta, Ceniza abrió la boca para decir algo, vio el rostro desinteresado de su novio y se contuvo, regresó la mirada al suelo, sonrío y de nuevo abrazó a Colilla — muévete para allá — y con su brazo la alejó — Eres bastante malo conmigo — dijo Ceniza al fin, con el entrecejo fruncido, su rostro duro y una evidente molestia — todo lo que quiero es estar contigo, bien, como dos novios normales, todos pasan por aquí sonriendo, abrazados, besándose y no les importa el calor, en cambio tu pareciera que no quieres estar aquí... — Colilla la miró, estaba molestándose con lo que escuchaba y con la actitud que su novia estaba tomando y ella continuaba — ...Esa forma de ser tuya me molesta bastante —. Terminando de decir esto, Colilla se acomodó en su lugar para poderla ver de frente tanto como pudiera, su rostro denotaba fastidio, siempre era lo mismo con ella — No es que no quiera estar contigo... — comenzó a decir el muchacho — ...Lo que pasa es que tu eres bien empalagosa, siempre quieres estar sobre mi y eso no me gusta, te lo he dicho mil veces pero no entiendes. Hace calor, me molesta que haga calor, por eso no quiero que me abraces, si hiciera frío yo sería el primero en abrazarte... — Pero Ceniza sabía que esto no era cierto, sabía que aun con el frío el prefería abrazarse a si miso — ...también quiero que me dejes ser, que me des espacio para mi, no todo eres tu — las palabras de Colilla eran más como una reprimenda, como un adulto regañando a un niñito que no entiende que lo que hace no está bien hecho pese a sus intenciones nobles y lo peor era que Ceniza comenzaba a creérselo, comenzaba a sentir que realmente ella había hecho mal, apretaba sus labios, miraba a las parejas a su alrededor y ninguno de ellos estaba discutiendo "bueno, nosotros también hemos estado así y ellos también han peleado" se consolaba a si misma aun cuando en su interior sabía que las cosas no eran realmente así — de verdad, esto me está hartando, no quiero tener una novia así, como tu — Las palabras de Colilla llegaron al corazón de Ceniza como una flecha que la penetró en lo más hondo de su ser, ella no quería separarse de su novio ¿O quizá si? Quizá si se separara fuera lo mejor que pudiera pasar y así él podía ser feliz con alguien más parecido a él — Tal vez eso es lo mejor, así puedes conseguirte una novia a la que no le importes — dijo Ceniza y el fastidio en el rostro del muchacho se hizo más notorio — me duelen los días que paso contigo — Colilla la interrumpio con un beso en su boca, ella era feliz, eternamente feliz, una eternidad que duró solo unos segundo — Nadie te tiene aquí — le sentenció Colilla y esta vez, por más que apretó los labios, no pudo evitar que el corazón se le rompiera.

     La pareja pasó el resto de la tarde en silencio, Colilla encaminó a su novia a tomar el camión que la llevaría a su casa, se despidieron con la misma aburrida y seca rutina de siempre, ella tomó el camión, regresó su mirada a su novio con la esperanza de que él la viera también, pero Colilla ya había comenzado a caminar en dirección contraria a la que tomó el camión de su chica, como siempre. 

     Ceniza llegó a su casa, con una sonrisa ya bien practicada para estos momentos, así sus padres no notarían sus problemas, subió a su cuarto y se encerró. No fue sino hasta las dos de la mañana en que se quedó dormida después de tanto llorar, sentir coraje, con el deposito de cariño no solo vació, sino roto, iluminada solo con la esperanza de que Colilla sintiera miedo de perderla y pensando seriamente en la decisión de terminar con él para siempre, como muchas veces lo había hecho antes. Rezaba a Dios esperando que Él le diera una respuesta o que hiciera aparecer a sus ángeles en la recamara de Colilla para que le dieran un mensaje. Ella rezaba por un milagro o por que Dios ya no le volviera a reconstruir su corazón. Ella todo lo que necesitaba en ese momento era un beso y un abrazo de su amado y un "te amo" sincero, un "te amo" que nunca le dijo en este día, un "te amo" que jamás le contestó este día.

     — Estoy apostando mi corazón y mi vida solo por ti, Colilla — 

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