Te dibujaré con ceniza
03 - Llueve tanto
Fue una noche larga, el insomnio había atacado a Ceniza y hacia lo que menos le gustaba: pensar. Pensaba en Colilla, su súper excelentísimo novio que solo tiene un detalle, no es un súper excelentísimo novio. Había estado haciendo frío por la lluvia pero la muchacha estaba tan acostumbrada a las nevadas que un aire colado no era nada para ella, aun así se aferraba a una playera de Colilla que ya hace mucho que tenía en su casa, guardaba el aroma de él y ella la olía buscando el amor que su novio no le había dado. Pasó llorando toda la noche, quizá lloró más que las nubes allá afuera las cuales provocaron un corto circuito en un poste de luz, las lagrimas surgieron a partir de un corto circuito en el corazón de Ceniza. ¿Cuanto tiempo pasó desde aquél sueño?
Realmente no habían pasado mas que unas horas pero para Ceniza era la repetición del mismo cuento para dormir. Cada noche se sentía triste, vacía, sola. Ella deseaba que su chico la amara con el mismo frenesí que ella lo amaba a él, se sentía culpable al pensar así, quería comprender que él era de esa manera y que quizá no significaba que no la amara, pero ella deseaba besos, abrazos, magia y definitivamente no la encontraba con él, pensaba que ella tenía que cambiar algo ¿Pero qué? — tu novio, eso es lo que debes cambiar — le decía su amiga, su verdadera amiga que jamás se calló lo que pensaba y que, por lo mismo, era la enemiga mortal de Colilla. SIn embargo, Ceniza se negaba a que tenía que hacer eso, Ceniza cree en la fuerza omnipotente del amor y que con amor todo se puede lograr — tal vez si — decía su amiga — pero él no te ama. Y así no pueden funcionar las cosas — Esa larga noche comenzaba a considerar las palabras de su amiga, comenzaba a creerle o a querer creerle.
Ceniza recordaba cada noche los primeros meses de relación, todo era tan perfecto, eran recuerdos de algo que se negaba a volver y al pensarlo, el corazón de Ceniza se rompía un poco mas... si es que esto era posible. Quería dormirse de nuevo, soñar a su novio perfecto, pero la angustia, el dolor y el vacío no la dejaban. Tejía planes, pensaba en estrategias, leía consejos de parejas "perfectas" y con cada nueva información creaba el método para volver a su relación perfecta. Estaba decidida, ella cambiaría su relación y sería muy feliz. Tan decidida como cada noche.
En cada encuentro con Colilla, Ceniza llevaba a cabo su plan, lo trataba de enamorar, le demostraba su amor, intentó no ser tan empalagosa y cuando su hábito le ganaba y Colilla la quitaba de encima, le pedía disculpas y no se enojaba. Su sonrisa estuvo siempre presente. Y en respuesta de su metodología, Colilla le seguía demostrando una total indiferencia. Si, de vez en cuando él le respondía de manera cariñosa pero no se sentía esa magia, ese amor. Incluso, cuando su novia usó la mejor técnica de seducción sobre él, este ni si quiera se interesó en tener sexo con ella. Era todo una rutina infernal, no importaba lo que Ceniza hiciera, Colilla no cambiaba en nada y sus reproches siempre le daban la culpa a ella. Así, cada día se saludaban con ese protocolo tan ensayado de un beso seco, como el protocolo de despedida de otro beso seco y un abrazo obligatorio.
En las noches Ceniza buscaba la manera de desahogar el dolor, de buscar la manera de tomar nuevas energías y motivarse en el plan que se había propuesto. Pero cada noche era lo mismo o peor, ya que se sumaba el dolor de la noche anterior, de un objetivo no logrado, de un deposito de cariño vacío. Regresaba a su casa con aroma a cigarro y un dolor en el pecho, lloraba hasta que le entraba la sed, abrazaba su almohada hasta quedarse dormida esperando soñar con su principe azul Colilla. Pero Colilla ya ni en sueños se aparecía.
Así pasaban los días, así pesaban las noches.
Todas las cosas se volvieron de revez, todo estaba mal, nada encajaba, la magía se había desaparecido por completo, la muchacha se sacudía la ceniza del cigarro de Colilla buscando alguna explicación, algo a qué aferrarse, pero nada, nada. La tarde se pasaba y ella no tenía nada, tenía todo. Ya ni llorar era bueno. Ceniza comenzaba a marearse en una confusión sin fin, el dolor del pecho se volvía insportable, cada día era peor, comenzó, sin darse cuenta, a alejarse un poco de Colilla, se cuestionaba su noviazgo dos veces al día, cinco, diez, veinte mil veces... ¿Cuanto más podía soportar Ceniza?
Una noche, bajo la lluvia con la que el cielo tanto amenazó durante el día, se encontraba Ceniza, esta vez no había olvidad con qué abrigarse pero no cargaba con ningún paraguas, sin embargo su novio, bastante más precavido que ella, cargaba con uno suficientemente grande para los dos. Colilla, a diferencia del cielo que nunca se calló, mantenía ese silencio indiferente, encaminó a su novia a la parada del camión y dejó irle una sorpresa — Ya no quiero ser tu novio — Así de contundente que quizá por eso Ceniza no se lo creyó de principio y tubo que preguntar si había escuchado bien — Lo nuestro no funciona, tu mereces algo mejor que yo — decía el muchacho mientras el corazón de la joven latía con mucha fuerza. Ella tomó las manos del muchacho que sostenían el paraguas — ¿Tu no quieres ser eso mejor que merezco? — Colilla solo se encogió en hombros y no dijo nada mas — dame un ultimo beso — pidió ella y aunque Colilla le concedió su deseo, este beso ya no significaba absolutamente nada pero para Ceniza tenía un valor incalculable "me ama, por eso me besa" pensaba — lo siento, quizá después, lo nuestro pueda continuar, pero por el momento no — y sembró en ella una esperanza, una maldita esperanza. Colilla se dio la media vuelta, no esperó más a que el camión pasara y se retiró, dejando a Ceniza bajo la lluvia.
Llovía tanto que no se veía el final de la calle. Colilla tiró los restos de su cigarro y coo si fuera un barco, navegó con la corriente de un río que la lluvia había formado por debajo de la banqueta. Ceniza siguió el cigarro mojado con la vista e inmediatamente regresó sus ojos a su ahora ex-novio "quizá después" pensaba ella y ella lo esperaría. Ahí estaba ella, con su ropa empapada y sus dedos morados, esperandolo solo por un beso, de esos fríos mojados. Ya era muy tarde, Ceniza lloraba tanto como el cielo llovía.
Esa esperanza, el ultimo beso y un corazón roto.
Llueve tanto que no ves el final de la calle.
NOTA: Esta vez fue más que obvio (para quienes las conozcan) que toda esta historia está basada en el disco de "Popemas" del grupo Nosoträsh. Si ese álbum me inspiró bastante fue porque parecía el soundtrack de hechos reales que le sucedían a la gente que conozco.