¿Como es
que en ocasiones hacemos las cosas sin pensar? ¿O será más bien que si las
pensamos pero no de la misma manera en la que acostumbramos? ¿O será que
pensamos en cosas diferentes a las que normalmente habíamos pensado? ¿Qué nos
lleva a revolvernos de esta manera y caminar hasta el lugar que jamás
imaginamos? ¿Qué nos hace ir y dejar por un momento lo que somos para buscar a
una persona en especial? ¿Es amor? ¿En tan poco tiempo?
Gloria
Azucena había dejado por aquél fin de semana a sus amigos y sus gustos. Yoya,
como preferían llamarla, se encontraba sentada en un extraño lugar para ella
esperando no solo volver a probar el exquisito café de aquél lugar, sino
también volver a ver aquella mirada sobre ella que hacía una semana le había
imposibilitado dormir.
Daba
pequeños tragos al café, debe admitir que en su vida jamás había tomado café
sino era por la mañana, muy temprano por la mañana. A estas horas de la noche
ella podría estar tomando una bebida con sus amigos. Pero ahí estaba, sentada
en la misma mesa que la semana pasada, esperando que aquel caballero la sujete
de nuevo del brazo y le ayude a componer su equilibrio ¿Por qué? ¿Por qué
deseaba que eso sucediera? ¿Por qué tenía ganas de verlo?
La extraña música
de El Café Turco le hacía sentirse extraña, como si sintiera pena de estar en
ese lugar tan raro, ni ella misma podía creérselo y ya imaginaba los
comentarios bobos que sus compañeros de trabajo harían de ella y aun más bobos
los de sus amigos. Pero seguía ahí, bebiendo poco a poco su taza de café y acompañándola
con unas empanadas que horneó ella misma el día anterior.
Él no se
presentó en toda la noche.
Héctor
Daniel estaba algo irritado. A los dos días parte del trabajo anterior fue
regresado para hacer correcciones, no muy importantes pero que si requerían
muchos cambios en muchos lados. Sus compañeros que lo habían acompañado al café
junto con Héctor fueron el equipo designado para reparar los errores.
El sábado
él solo pensaba en ir al Café Turco pero sus compañeros lo hicieron sentir
comprometido para que ahora él los acompañara a su lugar favorito, el baile. Música
que para él no tenía nada de sentido, música grupera, texana y banda. Todos
vestidos de la misma manera entre sombreros, botas, hebillas ridículas, camisas
de muy mal gusto y mirada de vándalos y cholos ¿Porqué a sus compañeros les gustaba
ese lugar? Al menos lo acompañaba Jaime, que aunque le gustaba esa música
también, comprendía un poco más de la buena música como la balkian, incluso ya
traía en su reproductor de mp3 algunas de las canciones que le gustaban de
Figli Di Madre Ignota.
Pero Jaime
no perdía el tiempo y pronto se separó del grupo, Héctor lo buscó con la mirada
y lo vio uno metros más allá, donde la gente bailaba y estaba acompañado de una
muchacha que le parecía familiar, pero a la distancia no podía reconocerla muy
bien. Ambos bailaban y a Héctor le sorprendió la habilidad de su compañero. Cuando
por fin regresó Jaime trajo con sigo a la muchacha, Héctor la reconoció, era la
misma chava del incidente del café y si ella estaba ahí también su amiga
estaría ahí. Por un momento, aquél lugar no pareció tan malo. Jaime iba a
hablar pero Daniel no le dejó decir nada, enseguida tomo a la chica por un
brazo para indicarle que le pusiera atención, o que al menos lo intentara en
medio de esa música. Él le preguntó por su amiga "tal vez venga"
contesto y con una sonrisa en el rostro, Héctor Daniel regresó con sus
compañeros que ya se habían instalado en una mesa y le esperaban con un vaso de
bebida.
Ella no se
presentó en toda la noche.
Los últimos
momentos en ese extraño lugar fueron los más agobiantes, miraba constantemente
el reloj y después en dirección de la entrada pero nada, aquella persona de la
semana pasada no se presentaba. La desilusión le hacía presa.
La extraña música,
el extraño ambiente y la extraña gente comenzaba a molestarle, cada cosa que
hacían, cada cosa que decían, sentía que las risas de los demás eran alguna
especie de burla por su tragedia amorosa ¿Porqué estoy esperando a una persona
que quizá nunca vuelva a ver? ¿Por qué me mantuve en este extraño lugar tanto
tiempo por alguien a quien no conozco? Y si no lo conozco ¿Porqué quiero
conocerlo? Caminó a prisa para alejarse de ese lugar, tomó un taxi y se dirigió
a su casa. Ya por fin en un lugar más intimo, un lugar moldeado más a su forma
de ser y a sus propios gustos, se tumbó sobre la cama. Y se quedó mirando el
techo fijamente...
— ¿Quién
eres? ¿Por qué? — Se preguntaron mentalmente los dos a varios kilómetros de
distancia uno del otro. Cerraron los ojos y durmieron.