domingo, 8 de junio de 2014

Te dibujaré con ceniza 02 - Cien mil horas dormida

Te dibujaré con ceniza

02 - Cien mil horas dormida









     La sonrisa de Colilla iluminaba el mundo de Ceniza, ahí estaba, fumando, tan guapo como siempre y arreglado solo para ella, él la miraba y le sonreía, la tomaba entre sus brazos y la apretaba con fuerza, le tomaba por los cachetes y la besaba e inmediatamente la llamaba por un cursi sobrenombre. El corazón de Ceniza latía con fuerza, ella le correspondía a todo, lo abrazaba, le besaba, le llamaba por apodos cursis, jugaba con su cabello, caminaban tomados de la mano, comían helado y, por la noche, él la acompañaba hasta la misma esquina en que ella tomaba el camión para ir a su casa. Ella caminaba apresurada por el pasillo después de pagar para verlo alejarse y él le regresaba la mirada, con su mano se despedía de ella y se quedó en su lugar hasta que perdió de vista el camión. Ceniza era inmensamente feliz.

     
     La comida en su restaurante favorito, donde Colilla le pidió ser su novia, había sido excelente, el mesero de siempre los había atendido, estaba familiarizado con ellos, con sus buenos momentos y sus malos momentos, había visto llorar tantas veces a Ceniza que ya sentía pena por ella y ese día no fue la excepción, como casi siempre, ella había cometido un error sin saber cuál y esto había provocado la frialdad en su novio, apretaba sus labios para evitar que se le rompiera el corazón pero en un momento ya no lo pudo aguantar mas, se levantó al baño y antes de entrar sus lagrimas ya mojaban su rostro. La lluvia caía afuera, Ceniza no había cargado con nada que la abrigara bien y comenzaba a morir de frío. Se dirigían en taxi hasta la casa de ella. Ceniza moría de frío, abrazándose ella misma, aunque ya no sabía si era el frío que la lluvia provocaba o el de su novio. Su ropa aun tenía el aroma del cigarro de Colilla. Ceniza era inmensamente triste.


     Una tarde de placer culposo, mantenían relaciones lejos de los ojos conocidos, en un lugar donde el universo solo eran ellos dos y una pequeña habitación de motel. Las manos de Colilla dibujaban el cuerpo de Ceniza, sus labios exploraban cada centímetro de este y toda su pasión la llenaba. Eran besos diferentes, abrazos diferentes, caricias diferentes. Ambos lo disfrutaban, los "te amo" eran frases que se repetían mil veces, sonrisas, risas y una mirada de complicidad que solo podía encontrar en el amor de su vida. Quedarse dormida entre sus brazos, tan frágil, tan delicada y con la seguridad en la protección de su hombre. Ahi se quedaba dormida con una sonrisa en su rostro y con el aroma del cigarro de Colilla. Ceniza era inmensamente feliz.


     El centro comercial más cercano de la casa de Ceniza estaba lleno de gente. Era quincena, fin de semana y después de una semana, la lluvia dejó salir a la gente a disfrutar un poco de sol — Bien, la lluvia nos quitó un poco el calor — decía la gente que gustosa miraba en los aparadores cosas que no necesitaban. Caminaban tomados de las manos Ceniza y Colilla, la gente los miraba y pensaban que hacían una bonita pareja, ella estaba con una gran sonrisa pero destrozada por dentro. Se había enterado que su novio se había visto con otra chica y aunque no fue la gran cosa, la traición era algo difícil de superar para Ceniza ¿Por qué si ella había estado siempre con él? ¿No le era suficiente con su amor? ¿No bastaba solo con decirlo? ¿No le había entregado todo a él? Ceniza era inmensamente triste.


     Lloraba desconsolada en su habitación oscura, de vez en cuando la luz de un relámpago se colaba por la ventana e iluminaba sus mejillas empapadas de dolor, miraba el techo, la decoración que había en su habitación, los regalos que Colilla le había hecho y que tenían un lugar especial en su cuarto, buscaba entre los detalles donde había estado el error, alguna explicación que le hiciera perdonarlo, algo que le diera esperanzas de seguir junto a él, algún indicio de su amor, cualquier cosa a la que aferrarse y no seguir sintiendo ese dolor profundo en su pecho, buscaba el aroma del cigarro entre sus ropas, quería estar con él, nada más él, solo él, él, él, él, él y nadie más. Apretaba fuerte sus labios pero Ceniza era incapaz de controlarlo, lloraba sin remedio. Comenzaba lentamente a llover, entonces Colilla apareció, empapad y temblando de frío.

     Ella se levantó de inmediato y secó sus lagrimas, buscó entre sus cosas y sacó una toalla que puso en la cabeza de Colilla, le ayudó a quitarse la playera mojada e incluso los pantalones, él se sentaba en su cama, le sonreía a Ceniza, una sonrisa tímida, estaba apenado por lo que pasó, él le pedía disculpas sinceras y le suplicaba por que no lo dejara, que se había dado cuenta de que era feliz solo con ella y no quería separarse nunca de él. Ceniza lloraba de felicidad, lo abrazaba, se besaban, se acariciaban y se detenían, después de todo, estaban en casa de ella. Colilla se puso de pie, se vistió sin quitarle la vista de encima a Ceniza, él la tomó de la cintura, la acercó a él y le dio un fuerte beso, un beso como ningún otro, un beso donde se conjugaba un amor eterno, pasional, sincero y cierto arrepentimiento; Ceniza se ponía roja, jamás había experimentado esa sensación, inmediatamente después Colilla la tomó de una mano y la invitó a salir de su habitación, de su casa. Ceniza sentía el calor del sol, la llenaba de una energía nueva, de esperanza. Colilla la jaló con fuerza pero con cuidado, la apretó entre sus brazos y la besó nuevamente con mucha fuerza, esa sonrisa tan peculiar de Colilla estaba dibujada en su rostro, se ponía nervioso pero resolvió ponerse de rodillas ante ella, buscó algo en su pantalón, el corazón de Ceniza latía con fuerza, se sonrojaba aun más, Colilla sacó una pequeña caja aterciopelada de su pantalón, abrió la boca para decir algo y unas gotas cayeron en el rostro de Ceniza, ella miró al cielo, ahí estaba el sol, radiante y brillante, no le dio más importancia; hincado Colilla comenzó a decir — Ceniza... — nuevamente más gotas — ...te quieres...

     Un fuerte rayo cayó cerca de la casa de Ceniza haciendo explotar un transformador e incendiando el poste que lo sostenía, la lluvia arreció y entraba por la ventana de ceniza mojándole el rostro y  confundiendo sus lagrimas con las gotas de lluvia, lloraba sin parar, lloraba llena de dolor — Todo fue solo un sueño — Ceniza estaba de nuevo sola, en su habitación oscura, mojándose el rostro en lagrimas y lluvia y una profunda herida en su alma.

     Ceniza se levantó, cerró la ventana y no le dio importancia ni al poste quemándose, ni a que su reloj despertador estaba apagado a causa de un corte de energía, ni al sonido de los vehículos que activaron sus alarmas ante el estruendo del rayo. Se volvió acostar, a quedarse dormida, intentando pasar cien mil horas dormidas y vivir feliz con su amor.






Pero Colilla ya no apareció en sus sueños.

sábado, 7 de junio de 2014

Te dibujaré con ceniza 01 - Sentada en el borde de ti

Te dibujaré con ceniza

01 - Sentada en el borde de ti










     Todo el día había estado caluroso, la gente se movía de un lugar a otro un tanto ansiosa pues la temperatura de la ciudad de Monterrey comenzaba a ser insoportable — Y aun falta la canícula — se escuchaba decir a las personas en el centro de la ciudad. La canícula eran los 40 días más calientes del verano y si las temperaturas a mitad de primavera apuntaban a 38 grados, a mitad de verano Monterrey sería un infierno. Como casi siempre que hace calor.

      El aroma del cigarro era molesto para Ceniza, una chica soñadora enamorada del amor de su vida Colilla. Abrazada de él, empalagosa como ninguna, una sonrisa de oreja a oreja y radiando una enorme felicidad; él, sin mucha gracia en su rostro, atractivo y muy serio, algo frío y un tanto indiferente, sacudía su cigarro sin fijarse que las cenizas caían sobre su chica pero esto a ella no le importaba, ella era feliz a lado de su novio. 

      Aunque su interior estaba destrozado. Ceniza esperaba más de su novio, algo que él no le daba, ella antes se lo había dicho y en ocasiones Colilla cambiaba su actitud pero solo por algunos días. Ella se sentía devastada, vacía, su depósito de cariño nunca estaba lleno, su novio no se preocupaba por llenarlo y esto a Ceniza le dolía hasta el alma. Pero ella estaba llena de esperanza y de mucho amor, ella era paciente y esperaba a ver en él un cambio, esperaba a que él abriera sus ojos y se diera cuenta de que tenía a su lado a una chica increíble que estaba dispuesto a estar con él toda su vida, en las buenas y en las malas; mientras tanto, Ceniza sollozaba en el silencio de su habitación oscura por las noches, regresaba a su casa sola, sin que su novio la acompañara, se despedía de ella con un beso seco y un abrazo obligatorio, pero nada mágico como ella esperaba. Le dolía, le dolía mucho.

      — hace mucho calor y tu estas de empalagosa — con un tono molesto le dijo Colilla a la muchacha y esta se retiró un momento de él — Quiero estar contigo — le contestó la muchacha — quédate de ese lado, ahí sigues estando conmigo — Ella obedeció y se mantuvo ahí, sonrío para ella misma, se apretó los labios y le preguntó por como fue su día. En una banca en medio de la Macroplaza, con un calor de los mil demonios y un pequeño silencio incómodo el termino por dar la respuesta más corta que pudo imaginar — me fue bien — de nuevo un silencio incómodo, Ceniza esperaba a qué Colilla le diera más detalles de su día pero para él parecía que el tema había terminado — ¿Qué hiciste hoy? — insistió ella queriendo seguir la platica — Pos' trabajar ¿Qué mas quieres que haga? ¿Que me vaya de fiesta? — el muchacho soltó una risita burlona un tanto disimulada y Ceniza se arrepintió rápidamente de intentar seguir con la platica, apretó sus labios, esa era su manera de evitar que el corazón terminara por rompersele, agachó la cabeza y de inmediato la levanto, ella no tenía por que agachar la cabeza, ella merecía más, ella no estaba haciendo nada malo, estaba tratando de ser amable con él ¿Por qué Colilla no lo podía ver? ¿Por qué Colilla no podía notar el interés que ella tenía hacia sus cosas, hacia su persona?

     Molesta, Ceniza abrió la boca para decir algo, vio el rostro desinteresado de su novio y se contuvo, regresó la mirada al suelo, sonrío y de nuevo abrazó a Colilla — muévete para allá — y con su brazo la alejó — Eres bastante malo conmigo — dijo Ceniza al fin, con el entrecejo fruncido, su rostro duro y una evidente molestia — todo lo que quiero es estar contigo, bien, como dos novios normales, todos pasan por aquí sonriendo, abrazados, besándose y no les importa el calor, en cambio tu pareciera que no quieres estar aquí... — Colilla la miró, estaba molestándose con lo que escuchaba y con la actitud que su novia estaba tomando y ella continuaba — ...Esa forma de ser tuya me molesta bastante —. Terminando de decir esto, Colilla se acomodó en su lugar para poderla ver de frente tanto como pudiera, su rostro denotaba fastidio, siempre era lo mismo con ella — No es que no quiera estar contigo... — comenzó a decir el muchacho — ...Lo que pasa es que tu eres bien empalagosa, siempre quieres estar sobre mi y eso no me gusta, te lo he dicho mil veces pero no entiendes. Hace calor, me molesta que haga calor, por eso no quiero que me abraces, si hiciera frío yo sería el primero en abrazarte... — Pero Ceniza sabía que esto no era cierto, sabía que aun con el frío el prefería abrazarse a si miso — ...también quiero que me dejes ser, que me des espacio para mi, no todo eres tu — las palabras de Colilla eran más como una reprimenda, como un adulto regañando a un niñito que no entiende que lo que hace no está bien hecho pese a sus intenciones nobles y lo peor era que Ceniza comenzaba a creérselo, comenzaba a sentir que realmente ella había hecho mal, apretaba sus labios, miraba a las parejas a su alrededor y ninguno de ellos estaba discutiendo "bueno, nosotros también hemos estado así y ellos también han peleado" se consolaba a si misma aun cuando en su interior sabía que las cosas no eran realmente así — de verdad, esto me está hartando, no quiero tener una novia así, como tu — Las palabras de Colilla llegaron al corazón de Ceniza como una flecha que la penetró en lo más hondo de su ser, ella no quería separarse de su novio ¿O quizá si? Quizá si se separara fuera lo mejor que pudiera pasar y así él podía ser feliz con alguien más parecido a él — Tal vez eso es lo mejor, así puedes conseguirte una novia a la que no le importes — dijo Ceniza y el fastidio en el rostro del muchacho se hizo más notorio — me duelen los días que paso contigo — Colilla la interrumpio con un beso en su boca, ella era feliz, eternamente feliz, una eternidad que duró solo unos segundo — Nadie te tiene aquí — le sentenció Colilla y esta vez, por más que apretó los labios, no pudo evitar que el corazón se le rompiera.

     La pareja pasó el resto de la tarde en silencio, Colilla encaminó a su novia a tomar el camión que la llevaría a su casa, se despidieron con la misma aburrida y seca rutina de siempre, ella tomó el camión, regresó su mirada a su novio con la esperanza de que él la viera también, pero Colilla ya había comenzado a caminar en dirección contraria a la que tomó el camión de su chica, como siempre. 

     Ceniza llegó a su casa, con una sonrisa ya bien practicada para estos momentos, así sus padres no notarían sus problemas, subió a su cuarto y se encerró. No fue sino hasta las dos de la mañana en que se quedó dormida después de tanto llorar, sentir coraje, con el deposito de cariño no solo vació, sino roto, iluminada solo con la esperanza de que Colilla sintiera miedo de perderla y pensando seriamente en la decisión de terminar con él para siempre, como muchas veces lo había hecho antes. Rezaba a Dios esperando que Él le diera una respuesta o que hiciera aparecer a sus ángeles en la recamara de Colilla para que le dieran un mensaje. Ella rezaba por un milagro o por que Dios ya no le volviera a reconstruir su corazón. Ella todo lo que necesitaba en ese momento era un beso y un abrazo de su amado y un "te amo" sincero, un "te amo" que nunca le dijo en este día, un "te amo" que jamás le contestó este día.

     — Estoy apostando mi corazón y mi vida solo por ti, Colilla —