Te dibujaré con ceniza
02 - Cien mil horas dormida
La sonrisa de Colilla iluminaba el mundo de Ceniza, ahí estaba, fumando, tan guapo como siempre y arreglado solo para ella, él la miraba y le sonreía, la tomaba entre sus brazos y la apretaba con fuerza, le tomaba por los cachetes y la besaba e inmediatamente la llamaba por un cursi sobrenombre. El corazón de Ceniza latía con fuerza, ella le correspondía a todo, lo abrazaba, le besaba, le llamaba por apodos cursis, jugaba con su cabello, caminaban tomados de la mano, comían helado y, por la noche, él la acompañaba hasta la misma esquina en que ella tomaba el camión para ir a su casa. Ella caminaba apresurada por el pasillo después de pagar para verlo alejarse y él le regresaba la mirada, con su mano se despedía de ella y se quedó en su lugar hasta que perdió de vista el camión. Ceniza era inmensamente feliz.
La comida en su restaurante favorito, donde Colilla le pidió ser su novia, había sido excelente, el mesero de siempre los había atendido, estaba familiarizado con ellos, con sus buenos momentos y sus malos momentos, había visto llorar tantas veces a Ceniza que ya sentía pena por ella y ese día no fue la excepción, como casi siempre, ella había cometido un error sin saber cuál y esto había provocado la frialdad en su novio, apretaba sus labios para evitar que se le rompiera el corazón pero en un momento ya no lo pudo aguantar mas, se levantó al baño y antes de entrar sus lagrimas ya mojaban su rostro. La lluvia caía afuera, Ceniza no había cargado con nada que la abrigara bien y comenzaba a morir de frío. Se dirigían en taxi hasta la casa de ella. Ceniza moría de frío, abrazándose ella misma, aunque ya no sabía si era el frío que la lluvia provocaba o el de su novio. Su ropa aun tenía el aroma del cigarro de Colilla. Ceniza era inmensamente triste.
Una tarde de placer culposo, mantenían relaciones lejos de los ojos conocidos, en un lugar donde el universo solo eran ellos dos y una pequeña habitación de motel. Las manos de Colilla dibujaban el cuerpo de Ceniza, sus labios exploraban cada centímetro de este y toda su pasión la llenaba. Eran besos diferentes, abrazos diferentes, caricias diferentes. Ambos lo disfrutaban, los "te amo" eran frases que se repetían mil veces, sonrisas, risas y una mirada de complicidad que solo podía encontrar en el amor de su vida. Quedarse dormida entre sus brazos, tan frágil, tan delicada y con la seguridad en la protección de su hombre. Ahi se quedaba dormida con una sonrisa en su rostro y con el aroma del cigarro de Colilla. Ceniza era inmensamente feliz.
El centro comercial más cercano de la casa de Ceniza estaba lleno de gente. Era quincena, fin de semana y después de una semana, la lluvia dejó salir a la gente a disfrutar un poco de sol — Bien, la lluvia nos quitó un poco el calor — decía la gente que gustosa miraba en los aparadores cosas que no necesitaban. Caminaban tomados de las manos Ceniza y Colilla, la gente los miraba y pensaban que hacían una bonita pareja, ella estaba con una gran sonrisa pero destrozada por dentro. Se había enterado que su novio se había visto con otra chica y aunque no fue la gran cosa, la traición era algo difícil de superar para Ceniza ¿Por qué si ella había estado siempre con él? ¿No le era suficiente con su amor? ¿No bastaba solo con decirlo? ¿No le había entregado todo a él? Ceniza era inmensamente triste.
Lloraba desconsolada en su habitación oscura, de vez en cuando la luz de un relámpago se colaba por la ventana e iluminaba sus mejillas empapadas de dolor, miraba el techo, la decoración que había en su habitación, los regalos que Colilla le había hecho y que tenían un lugar especial en su cuarto, buscaba entre los detalles donde había estado el error, alguna explicación que le hiciera perdonarlo, algo que le diera esperanzas de seguir junto a él, algún indicio de su amor, cualquier cosa a la que aferrarse y no seguir sintiendo ese dolor profundo en su pecho, buscaba el aroma del cigarro entre sus ropas, quería estar con él, nada más él, solo él, él, él, él, él y nadie más. Apretaba fuerte sus labios pero Ceniza era incapaz de controlarlo, lloraba sin remedio. Comenzaba lentamente a llover, entonces Colilla apareció, empapad y temblando de frío.
Ella se levantó de inmediato y secó sus lagrimas, buscó entre sus cosas y sacó una toalla que puso en la cabeza de Colilla, le ayudó a quitarse la playera mojada e incluso los pantalones, él se sentaba en su cama, le sonreía a Ceniza, una sonrisa tímida, estaba apenado por lo que pasó, él le pedía disculpas sinceras y le suplicaba por que no lo dejara, que se había dado cuenta de que era feliz solo con ella y no quería separarse nunca de él. Ceniza lloraba de felicidad, lo abrazaba, se besaban, se acariciaban y se detenían, después de todo, estaban en casa de ella. Colilla se puso de pie, se vistió sin quitarle la vista de encima a Ceniza, él la tomó de la cintura, la acercó a él y le dio un fuerte beso, un beso como ningún otro, un beso donde se conjugaba un amor eterno, pasional, sincero y cierto arrepentimiento; Ceniza se ponía roja, jamás había experimentado esa sensación, inmediatamente después Colilla la tomó de una mano y la invitó a salir de su habitación, de su casa. Ceniza sentía el calor del sol, la llenaba de una energía nueva, de esperanza. Colilla la jaló con fuerza pero con cuidado, la apretó entre sus brazos y la besó nuevamente con mucha fuerza, esa sonrisa tan peculiar de Colilla estaba dibujada en su rostro, se ponía nervioso pero resolvió ponerse de rodillas ante ella, buscó algo en su pantalón, el corazón de Ceniza latía con fuerza, se sonrojaba aun más, Colilla sacó una pequeña caja aterciopelada de su pantalón, abrió la boca para decir algo y unas gotas cayeron en el rostro de Ceniza, ella miró al cielo, ahí estaba el sol, radiante y brillante, no le dio más importancia; hincado Colilla comenzó a decir — Ceniza... — nuevamente más gotas — ...te quieres...
Un fuerte rayo cayó cerca de la casa de Ceniza haciendo explotar un transformador e incendiando el poste que lo sostenía, la lluvia arreció y entraba por la ventana de ceniza mojándole el rostro y confundiendo sus lagrimas con las gotas de lluvia, lloraba sin parar, lloraba llena de dolor — Todo fue solo un sueño — Ceniza estaba de nuevo sola, en su habitación oscura, mojándose el rostro en lagrimas y lluvia y una profunda herida en su alma.
Ceniza se levantó, cerró la ventana y no le dio importancia ni al poste quemándose, ni a que su reloj despertador estaba apagado a causa de un corte de energía, ni al sonido de los vehículos que activaron sus alarmas ante el estruendo del rayo. Se volvió acostar, a quedarse dormida, intentando pasar cien mil horas dormidas y vivir feliz con su amor.
Pero Colilla ya no apareció en sus sueños.