viernes, 25 de mayo de 2012

Café Turco 03 Loco

     "...Esperando tu llegada pero nada, de ti nada..." Jaime estaba completamente sorprendido al escuchar a su compañero Daniel cantando en voz baja esa canción — ¿Te gustan las canciones de Pesado? — preguntó Jaime pero el rostro monótono de Daniel se volvió de reproche, aquella pregunta pareciera haberle insultado — Claro que no — contestó con desdén y continuó haciendo lo suyo, nada. El trabajo se había calmado bastante y Daniel no tenía mucho que hacer, disfrutaba de esos momentos viendo por la ventana del edificio alto, la vista sobre la Macro Plaza era genial, la fuente de Neptuno parecía una alberca pequeña, las personas iban y venían pero desde lo alto del edificio no eran más que puntitos bailando un estresante ritmo diario. — voy a salir este fin de semana — soltó Jaime así de repente, sin que nadie le preguntara pero es que veía tan vacío a Daniel que quiso llenarlo de alguna platica, al menos era emocionante para Jaime su cita del fin de semana — qué bien — contestó Daniel sin darle mucha importancia — voy a salir con Mary — Jaime trató de lanzar un anzuelo — ah — pero Daniel seguía viendo por la ventana sin poner mucha atención — María Adela, la muchacha de... — Daniel levantó una mano y Jaime guardó silencio — se a quién te referías, pero aquello fue momentáneo, ya pasó, quizá su la hubiera seguido viendo pero no sucedió. Ya lo olvidé — Jaime se rindió al fin, tomó el cesto de basura y se salió de la oficina de Daniel.

     El incesante sonido de las maquinas comenzaba a estresar a todo el turno de la mañana. Ya casi era la hora de la salida y la ansiedad se apoderaba de toda la atmosfera. Yoya terminaba de marcar los últimos pendientes en la lista y anotando los que el turno de la tarde continuaría y aunque ella estaba muy lejos del sonido de las maquinas igualmente estaba tan fastidiada como sus compañeros — voy a salir este fin de semana ¿Ya te lo había dicho? — le preguntó su amiga Adela — me dijiste algo en el comedor pero ya después Maximiliano ya no te dejó continuar ¿Con quién saldrás? — se alegraba por su amiga y quería saber más — Con Jaime, el chico que nos topamos en el café — inmediatamente las mejillas de Yoya se sonrojaron — ¡Ah! Te acordaste del amigo de Jaime... del qué preguntó por ti — Yoya asintió con la cabeza — si quieres le puedo decir que lo lleve y vas tu también — Yoya negó con la cabeza — ¡No! ¿Cómo crees? — se apenó Yoya, cerró la libreta de los apuntes, tomó su gaffette que colgaba de la lampara de mesa, aun lado de la computadora y su vista se detuvo precisamente en la pantalla de la computadora — quiero aprender a usarla — dijo Yoya — yo no le se mucho, solo lo que hacemos aquí. Si quieres te enseño — le contestó su amiga justo en el momento en que ambas salían del departamento. — En verdad, si quieres le digo que lleve a su amigo — insistía Adela — No, ya te dije que no... qué pena. Además voy a salir con Maximiliano ese día — Adela abrió mucho los ojos — eso no me lo habías dicho ¿Son novios? — Yoya arrugó la cara, como asustada — no, claro que no, somos solo amigos, aunque creo que si quiere conmigo pero yo con él no — se formaron ambas para registrar su salida en un reloj cercano a la entrada de la sala de producción de la fábrica — ¿Entonces por qué sales con el? Eso es darle esperanzas ¿No? — Yoya se encogió en hombro — no sé... pero se me hacía gacho decirle que no — Adela negó con la cabeza. — ¿Estas lista para este fin de semana? — Maximiliano apareció de la nada justo antes de que subieran a los transportes; Yoya le sonrió y contestó afirmativamente. — Muy bien, entonces te espero en la Macro Plaza a eso de las 7 de la tarde ¿Estas de acuerdo? — pero Adela se interpuso entre ellos dos — ¿La harás que te espere? Eso no es de caballeros, deberías de ir por ella a su casa — Maximiliano se malhumoró un poco pero Yoya le salvó — Así está bien, lo esperaré ahí.

     La semana se pasó lenta, los días pasaron como cuentagotas y los dos amigos de Gloria Azucena estaban emocionados por su cita, menos ella. No se sentía del todo cómoda, veía a Maximiliano solo como un amigo y esperaba que eso él lo entendiera.

     Jaime estaba nervioso, sabía a donde llevar a María Adela: a bailar. A él no se le daba muy bien y aunque pidió consejo de su amigo Daniel descubrió que a este se le daba peor eso de bailar, ni siquiera podía bailar los ritmos de su música favorita menos lo iba a hacer con canciones "agropecuarias" como las llamaba él. Pero valientemente se puso un poco de perfume y salió de su casa por su cita.

     — Malditos sean los clientes que no entienden que uno también es humano y necesita descansar — estaba completamente molesto Héctor Daniel en su oficina aplicando cambios a un trabajo anterior, no había nada mal, solo había que actualizar la información de casi todo, así que cuando el sábado tenía que salir antes de las doce, ya pasaban de las cinco de la tarde y aun no terminaba y, para colmo, aun traía en su mente esa canción que escuchó en el baile "...No, lo nuestro no puede morirse, no..." ¿Por qué tenía esa canción en su mente? No le gustaban esas canciones. Puso su música a todo volumen, él era la única persona en todo el edificio, bueno... él y el guardia de seguridad que estaba a la entrada del edificio; pero aun así la canción continuó cuando terminó el trabajo "...El tiempo no me hará rendirme...". Llegó a la recepción del edificio donde el guardia estaba viendo las pantallas de seguridad a la vez que la repetición de "Pequeños Gigantes" en una televisión pequeña — Hasta que por fin se irá a descansar, Señor — alegremente le dijo el guardia obeso cuando lo vio salir del ascensor — lo sé — el guardia se apresuró a buscar algo entre sus cosas, sacó una bolsa de papel café y se la ofreció a Daniel — ¿Gusta de mis tacos, Señor? Los hizo mi hija y le quedaron deliciosos — Daniel le regresó el gesto con una sonrisa, una sonrisa sincera aunque su respuesta no lo era así — No te preocupes, seguro que quedaron deliciosos pero ahorita no tengo hambre, lo que quiero es llegar a mi casa ya — pero él tenía mucha hambre, el guardia se encogió de hombros y puso la bolsa en el escritorio — bueno, creo que eso es lo que uno más desea cuando termina el trabajo, sobre todo a las ocho de la noche de un sábado — Daniel abrió mucho los ojos — ¿Ya son las ocho? — el guardia asintió con la cabeza y Daniel apresuró su paso — que descanse, Señor — Daniel le regresó la despedida con un ademán.

     Frente al edificio estaba la Macro Plaza, parte de ella era el Teatro de La Ciudad de Monterrey y estaba justo frente a la puerta del edificio. Rodeó el teatro por el callejón que se forma con la Biblioteca y sin saber como iba cantando de nuevo esa canción "...mientras respire..." "...aquí te esperaré..." Daniel levantó la mirada de inmediato, alguien más estaba cantando esa canción y esperaba que no fuera alguien conocido. Delante de él, recargada sobre la barda que protege a los peatones de no caer a la plaza a desnivel en medio de la Macro Plaza estaba aquella chica del café, con una falda blanca larga que parecía extrañamente reluciente bajó la luz amarillenta de los faroles, su blusa  café claro no hacía mucho contraste con el tono de su piel y su cabello largo negro y lacio se mecía suavemente con el viento fresco de aquel sábado por la noche y sus ojos... sus ojos bien abiertos lo observaban a él y parecía que el tiempo se detuvo en aquel momento, parecía que no había nadie más en la Macro Plaza, parecía que no había nadie más en todo Monterrey, parecía que no había nadie más en todo el mundo ¿Por qué? Quizá Daniel se estaba volviendo loco "...no me importa que me llamen loco".

martes, 21 de febrero de 2012

Café Turco 02 Nema Problema Tourist


            ¿Como es que en ocasiones hacemos las cosas sin pensar? ¿O será más bien que si las pensamos pero no de la misma manera en la que acostumbramos? ¿O será que pensamos en cosas diferentes a las que normalmente habíamos pensado? ¿Qué nos lleva a revolvernos de esta manera y caminar hasta el lugar que jamás imaginamos? ¿Qué nos hace ir y dejar por un momento lo que somos para buscar a una persona en especial? ¿Es amor? ¿En tan poco tiempo?

            Gloria Azucena había dejado por aquél fin de semana a sus amigos y sus gustos. Yoya, como preferían llamarla, se encontraba sentada en un extraño lugar para ella esperando no solo volver a probar el exquisito café de aquél lugar, sino también volver a ver aquella mirada sobre ella que hacía una semana le había imposibilitado dormir.

            Daba pequeños tragos al café, debe admitir que en su vida jamás había tomado café sino era por la mañana, muy temprano por la mañana. A estas horas de la noche ella podría estar tomando una bebida con sus amigos. Pero ahí estaba, sentada en la misma mesa que la semana pasada, esperando que aquel caballero la sujete de nuevo del brazo y le ayude a componer su equilibrio ¿Por qué? ¿Por qué deseaba que eso sucediera? ¿Por qué tenía ganas de verlo?


            La extraña música de El Café Turco le hacía sentirse extraña, como si sintiera pena de estar en ese lugar tan raro, ni ella misma podía creérselo y ya imaginaba los comentarios bobos que sus compañeros de trabajo harían de ella y aun más bobos los de sus amigos. Pero seguía ahí, bebiendo poco a poco su taza de café y acompañándola con unas empanadas que horneó ella misma el día anterior.


            Él no se presentó en toda la noche.


            Héctor Daniel estaba algo irritado. A los dos días parte del trabajo anterior fue regresado para hacer correcciones, no muy importantes pero que si requerían muchos cambios en muchos lados. Sus compañeros que lo habían acompañado al café junto con Héctor fueron el equipo designado para reparar los errores.

            El sábado él solo pensaba en ir al Café Turco pero sus compañeros lo hicieron sentir comprometido para que ahora él los acompañara a su lugar favorito, el baile. Música que para él no tenía nada de sentido, música grupera, texana y banda. Todos vestidos de la misma manera entre sombreros, botas, hebillas ridículas, camisas de muy mal gusto y mirada de vándalos y cholos ¿Porqué a sus compañeros les gustaba ese lugar? Al menos lo acompañaba Jaime, que aunque le gustaba esa música también, comprendía un poco más de la buena música como la balkian, incluso ya traía en su reproductor de mp3 algunas de las canciones que le gustaban de Figli Di Madre Ignota.

            Pero Jaime no perdía el tiempo y pronto se separó del grupo, Héctor lo buscó con la mirada y lo vio uno metros más allá, donde la gente bailaba y estaba acompañado de una muchacha que le parecía familiar, pero a la distancia no podía reconocerla muy bien. Ambos bailaban y a Héctor le sorprendió la habilidad de su compañero. Cuando por fin regresó Jaime trajo con sigo a la muchacha, Héctor la reconoció, era la misma chava del incidente del café y si ella estaba ahí también su amiga estaría ahí. Por un momento, aquél lugar no pareció tan malo. Jaime iba a hablar pero Daniel no le dejó decir nada, enseguida tomo a la chica por un brazo para indicarle que le pusiera atención, o que al menos lo intentara en medio de esa música. Él le preguntó por su amiga "tal vez venga" contesto y con una sonrisa en el rostro, Héctor Daniel regresó con sus compañeros que ya se habían instalado en una mesa y le esperaban con un vaso de bebida.


            Ella no se presentó en toda la noche.


            Los últimos momentos en ese extraño lugar fueron los más agobiantes, miraba constantemente el reloj y después en dirección de la entrada pero nada, aquella persona de la semana pasada no se presentaba. La desilusión le hacía presa.

            La extraña música, el extraño ambiente y la extraña gente comenzaba a molestarle, cada cosa que hacían, cada cosa que decían, sentía que las risas de los demás eran alguna especie de burla por su tragedia amorosa ¿Porqué estoy esperando a una persona que quizá nunca vuelva a ver? ¿Por qué me mantuve en este extraño lugar tanto tiempo por alguien a quien no conozco? Y si no lo conozco ¿Porqué quiero conocerlo? Caminó a prisa para alejarse de ese lugar, tomó un taxi y se dirigió a su casa. Ya por fin en un lugar más intimo, un lugar moldeado más a su forma de ser y a sus propios gustos, se tumbó sobre la cama. Y se quedó mirando el techo fijamente...

            — ¿Quién eres? ¿Por qué? — Se preguntaron mentalmente los dos a varios kilómetros de distancia uno del otro. Cerraron los ojos y durmieron.

viernes, 10 de febrero de 2012

Café Turco 01 Café Turco


            Ella venía desde algún rancho escondido en alguna parte de la sierra de San Luis Potosí. Buscaba una mejor vida en Monterrey y había conseguido un trabajo en una fábrica, el sueldo no era de lo mejor pero las prestaciones eran muy buenas y ella se sentía muy a gusto ahí. Sus compañeros de trabajo compartían sus gustos musicales y su gusto por bailar.

            Cada fin de semana trataba de salir de su casa de renta a cualquier lugar donde hubiera algún baile pero las cosas en Nuevo León no eran del todo fáciles, la inseguridad había causado estragos en todos los negocios dedicados al sano esparcimiento, sobre todo en los negocios del género grupero y texano... Ella no tenía muchas opciones pero buscaba divertirse con sus amigos.

            Miguel Maximiliano y María Adela son sus compañeros de aventuras, aunque tenía más compañeros solo podía considerar a estos dos como sus verdaderos amigos. Cierto sábado por la noche, un incidente en el baile, los tres amigos tuvieron que permanecer pecho tierra para protegerse de los proyectiles que una banda de delincuentes desató en el lugar. Aunque no fue mucho tiempo si fueron momentos de terror para los tres amigos.

            Como el baile se había suspendido y aun era muy temprano, Maximiliano invitó a sus amigas a tomar un café para calmarse los nervios "¿A cuál café vamos?" preguntó la amante del bailongo "mis compañeros han estado hablando de uno que se encuentra ahí por el barrio antiguo, ya sé donde es. Se llama Café Turco"





            Exhorto en sus actividades, escuchando su música extraña para todos y encerrado en su propio mundo. Las ultimas semanas habían sido agotadoras, pese a que ama su trabajo esto no significara que no se cansara. Días de desvelos, levantadas temprano, comidas muy rápidas y la presión de los clientes a todo lo que da. Es muy inteligente y creativo, se le ocurren muchas cosas para solucionar casi cualquier problema y sus compañeros acuden a él cuando están en apuros, pero no le hablan mucho, no es que sea desagradable, es que simplemente no encajan con él.

            Era el último día de trabajo "pesado", sus reservas de café se habían terminado y estaba un poco de mal humor, saber que ya estaba por terminar esa tortura lo mantenía aun con suficiente buen humor. Había decidido salir a tomar café e invitó a sus compañeros, para todos en la empresa el trabajo había sido agotador, incluso para Jaime, el chico de la limpieza, pues le habían pedido que se quedara para que él hiciera los mandados de todos a la tienda.

            Quizá Jaime era el que mejor le hablaba al chico solitario y raro, no le gustaba para nada la música que él escuchaba pero le provocaba que el tiempo le pasara placenteramente. Además, en su primer año en la empresa, el chico raro le regalo a Jaime su taza para café "está muy bonita" decía el empleado de limpieza "Feliz cumpleaños, Jaime. Te la doy pero con una condición... no uses "bonita" para referirte a la taza... se oye demasiado cursi" Jaime prometió no usar ese adjetivo para su nuevo regalo

            Una vez afuera del trabajo, aquél sábado en la noche, el chico raro decidió llevarlos a su lugar favorito "Café Turco". Era su lugar favorito pues ahí ponían la música que a él tanto le gustaba Balkian, Medieval y grupos como Figli Di Madre Ignota o Slonovski Bal.





            Con el sonido muy movido de una banda en vivo una voz da inicio a una noche divertida "Damas y Caballeros... sigan el ritmo de la melodiosa canción ¿Han traído suficiente dinero? La noche apenas comienza en Turkish Coffe!" Y el ritmo de la banda se acelera más y las primeras parejas salen a la pista a bailar. 
            Maximiliano y sus compañeras se quedaron sorprendidos al escuchar el estridente sonido que les acompañaría con su extraña música sus tazas de café. Se sentían incómodos y ellas no sabían por que habían terminado haciéndole caso a su compañero. Sentían que no encajaban en ese lugar pero ya tenían el café servido, decidieron que al terminarlo se irían de ahí. 

            Jaime veía como su compañero extraño movía su pie al ritmo de la canción y con un sonido apenas audible cantaba la extraña letra de la canción, Jaime la había escuchado mil veces y hasta sabía como se llamaba "Dago Shoes". De reojo veía a sus demás compañeros y notaba como es que ellos no estaban a gusto en aquel lugar, al menos Jaime ya estaba acostumbrado a esa música.

            Maximiliano comenzaba a estresarse, el café estaba muy caliente así que, cuando de un solo trago se lo quiso terminar, se quemó la lengua y su desesperación explotó, se paró, caminó hasta donde estaba la banda tocando e interrumpió la música para desagrado de todos los bailarines "¿Qué clase de música es esta? No se puede bailar ¿No se saben ninguna de la Sonora Dinamita?" Enojado, el vocalista de la banda comenzó a echarle pleito a Maximiliano, fue entonces cuando sus amigas se dirigieron con él para calmar la situación pero fue en vano. Tras un buen golpe, Maximiliano cayó al suelo empujando a sus compañeras. 

            El vocalista de la banda se disculpó con las señoritas pero Maximiliano ya se había puesto de pie y regresó el golpe contra su agresor, en el forcejeo volvieron a empujar a las muchachas foráneas y casi caen al suelo pero gracias a la oportuna intervención de aquel muchacho extraño y Jaime, ninguna de ellas resultó ilesa 

            — ¿Estas bien, mujer? — preguntó con una voz monótona, si conocieras de toda la vida a aquel sujeto sabrías que realmente estaba preocupado, pero jamás nadie en su trabajo se había tomado la molestia de conocerlo más a fondo 

            — Estoy bien, gracias — dijo ella con su característico acento. Ella se sacudió un poco sus ropas y con ayuda de aquel muchacho recuperó el equilibrio. 

            Algo pasó en aquél momento que ella no se dio cuenta en qué minuto Maximiliano ya estaba en el suelo sujetado por 3 integrantes de la banda y un mesero ¿Será en el momento en que él puso sus ojos en ella? ¿Fue en ese momento en que él, con un dejo de preocupación en su voz, preguntó por ella? ¿Fue cuando su fuerte y segura mano le ayudo sujetándola por el débil brazo? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Segundos? ¿Horas? ¿Días...? 

            — gra... gracias por ayudarme — dijo ella con un tono de voz débil y sumiso  — perdóname por causarte molestias... — ella le regaló una sonrisa alegre y sincera, la más sincera que él había visto en hacía mucho tiempo, claro sin contar las de su propia madre.

            Algo pasó en aquel momento, él no se dio cuenta que sus compañeros del trabajo se habían marchado dejando a medias su café ¿En qué momento fue? ¿Fue cuando ella le dio las gracias? ¿Fue cuando ella le sujetó firme su antebrazo confiando completamente en él para apoyarse? ¿Fue cuando se disculpó de una manera totalmente sincera? ¿O fue en ese momento en que una cálida sonrisa se dibujó en el rostro moreno de aquella chica desconocida? ¿Cuánto tiempo duró aquello? ¿Segundos? ¿Horas? ¿Días?